Mostrando entradas con la etiqueta El don de Carol. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El don de Carol. Mostrar todas las entradas

22 de diciembre de 2010

23. Día de confesiones y adiós.

Carol le dijo varias veces a su profesora que necesitaba hablar con ella, y quedaron en contarse el lunes en la hora del recreo, pero claro, Inés se olvidó, como siempre... y tuvo que ir Carol a buscarla, y al verla, con el tono de sorpresa propio suyo le dijo: Carol, se me olvidó que habíamos quedado, cuéntame.
La joven empezó un poco ausente, molesta, ida... pero no podía, se iba desahogando de todos sus problemas. Notas bajas. Falsas amigas. Insultos de todos. Peloteo hacia su profesora. De todo un poco. E Inés la escuchaba, no te voy a decir que no, y le daba sus consejos, pequeños consejos que Carol acataría como si fuese una orden. Y no duró mucho, o eso le pareció a ella. Inés se marchó, sin recibir de buenas maneras las gracias de su alumna, y Carol se marchó a su clase, a la que llegó un poco tarde, pero valió la pena.
Pasaron algunos días, y la rutina continuaba, algunos incidentes pasaron, pero no nada que no pudiese arreglarse, y llegó. El día 22. Libres, vacaciones.
Carol subió, bajó y buscó por las escaleras a Inés, y como no, la encontró en su clase, la última como siempre.
-Inés, hola, me vengo a despedir que nos vamos ya.
-Hola Carol, pues nada, feliz Navidad y Año Nuevo, a pasárselo muy bien y a disfrutar.
-Igualmente en todo, a descansar que nos lo merecemos.
-Ven, dame dos besos.- le dijo a Carol cuando terminó de recoger sus cosas.
-Que te regalen muchas cosas los Reyes Magos.- le respondió Carol después de tal gesto de cariño. No sabe que es mejor, si que Inés no le haga caso, o le de un poco de cariño que al fin y al cabo, no significa nada, pero que le hace sentirse entera por un momento, para luego después, recaer, y sentirse una idiota.
Se volvieron a ver varias veces más a lo largo del día, hasta el adiós definitivo. Sí, hasta el año que viene no la volverá a ver.

19 de diciembre de 2010

22.Galletas de coco.

Carol seguía yendo, ya como si de un ritual se tratase, a ver a Inés miércoles y jueves los cinco minutos antes del recreo.
Durante toda la semana, Carol y sus amigas habían estado planeando el cumpleaños de Clara, un sinfín de sorpresas, amoríos y más sorpresas en las que todo el mundo estaría implicado. Ese día, tan feliz para todas, jubiloso, jocoso, alegre, cantarín, fistero, divertido... Todas sonrieron cada segundo del día. Cayó en jueves, y a pesar de haberse opuesto a sus deseos, Carol acabó por ir a ver a Inés otra vez, sólo que iba acompañada por la cumpleañera, persona que se preocupa por la felicidad de los demás incluso en el día de su cumpleaños, y llevaba una bolsa con dulces, galletas y un par de velas para un pequeño picnic en la hora del recreo.
Lo primero fue el saludo y la explicación de tanto viaje y tanta fiesta.
-Inés, es el cumpleaños de Clara hoy.
-¿Sí?Muchas felicidades -dijo Inés dándole dos besos a la cumpleañera.
-Sí, ahora vamos a celebrarlo en el patio, llevamos un pequeño picnic en la bolsa- respondió levántandola.- Yo le he traído una sorpresa, unas galletitas, ¿quieres una?
-Vale, gracias, así como algo que hoy no me he traído nada.
Carol, ayudada por Clara sujetándole la bolsa, empezó a rebuscar entre las barritas de chocolate, y las galletas envueltas, sacó un tape con unas veinte galletas. Lo abrió y le ofreció una a Inés, primer ofrecimiento por parte de la alumna que la profesora acepta sin rechistar. Inés la probó, la saboreó, y de buen grado, educada y concienduda de ello, dijo que estaba muy ricas.
-Las he hecho yo. -respondió Carol.
-¿En serio?Creía que eran compradas, pues están muy buenas. Eres buena cocinera, a mí también me gusta mucho el tema de la cocina, pero ahora no tengo tiempo. Haber si me puedes traer la receta que las intente hacer.
-Vale, me alegro que te gusten, yo te la traigo. Nos vamos a la fiesta. Adiós.
-Pasároslo bien.-respondió Inés aún con la galleta en mano, un regalo que se queda en el cuerpo, presente en el corazón.

18 de noviembre de 2010

21.Una felicidad inmensa.

Las cosas no son siempre como una quiere, no siempre se hace lo que se quiere, pero sí siempre se consigue lo que se lucha.
Carol sabía que hoy era lunes, que tenía un examen de francés y que el recreo lo cuidaban Inés y demás profesores, por lo que estaba en proceso de idear un plan para ir a hablar con ella, pero su amiga Sofía, tenía la mente hecha un laberinto con tantos sentimientos y además incapaces de resolver por su falta de eficacia y su vergüenza. Pero Carol luchaba, y no iba a impedir que nadie se interpusiera en su camino, por lo que ya los últimos minutos de descanso, subiendo las escaleras, se fijó en que su profesora iba por detrás de ella, y en un reposo, se detuvo a esperarla, y con una sonrisa comenzó la conversación, esta vez tan afable, abierta, sincera...
-Hola Inés, ¿qué tal el finde?
-Muy bien, descansando... -respondió como un acto reflejo. Ya Carol iba a desistir en esforzarse cuando Inés le dijo.- Le enseñaste muy bien al muchacho ese en la recuperación, ¿cómo se llamaba?
-Jaime, ¿ha aprobado?
-Sí- respondió Inés asintiendo con la cabeza.
-¡Qué bien! Por cierto, ¿no has traído a los niños al mercado medieval?
-Uis ¡ha sido este fin de semana! Ni me he acordado si quiera, mira que dije que les iba a traer... Bueno Carol, me quedo en este pasillo para ir abriendo las clases. Adiós.
Fue subiendo Carol las escaleras ya feliz de la vida, gritando que le esperase Sofía, cuando escucha una voz por detrás llamándola.
-Carol, fíjate, me vengo al final por aquí, se me ha adelantado Angélica.
Carol la sonrió como nunca, la más feliz de los jóvenes en ese momento, dispuesta a reconocer por una vez que Inés seguía ahí, que seguiría luchando con ella, aunque Sofía a veces la impulsaba a desistir. Tenía que seguir luchando por la sonrisa más bonita.

9 de noviembre de 2010

20. Migrañas

Volvió el instinto femenino de Carol como mucho tiempo atrás, y tampoco le falló esta vez. Carol sentía que no la vería, y así fue, solo que tardó su tiempo para averiguar el porqué. Ese lunes que faltó Inés lo notó por su ausencia en el patio y fue a ver a Angélica la que la quedó estupefacta al decirle a Carol sin preguntar que Inés no había venido, que estaría mala pero sólo eran supersticiones. Se quedó hablando con ella un rato más, que acabó en convertirse en todo el recreo, pero ella echaba de menos a su profesora y le recorría por su cabeza cómo habría sabido Angélica que le iba a preguntar sobre Inés.
No pasaron más de cuatro días hasta que regresó Inés, pero se la echó de menos, sobre todo quienes la querían. Carol recopiló la información de su ausencia gracias a Angélica que la comprendió y sorprendió en todo momento, volviéndole a responder a preguntas que Carol nunca llegó a realizar, y desde ese momento Carol supo que esa profesora tenía un don especial para conocer y sentir a las personas.
Inés volvió el jueves de esa misma semana, aunque su alumna no la vio pues no sabía que volvería tan pronto. Sin embargo, nada más enterarse al día siguiente, la buscó y le preguntó, cariñosamente y con preocupación por ella y sus migrañas, y ya de paso demostrarle que aún la cuidaría y se enteraría si la pasase algo.
-Cuidate Inés, que sino se te echa de menos.- le dijo Carol en su habitual lenguaje de utilizar una persona general cuando es sólo ella quien lo siente.
-Muchas gracias por preocuparte Carol.- le contestó con una sonrisa de las suyas.
Ese fin de semana Carol lo pasó feliz de saber que aún puede que la quisiese.

19 de octubre de 2010

19.Su meta y su medalla.

Carol es una chica animada, normalmente valiente, no muy segura de ella pero con alegría siempre. Lo que duró la semana ardua en la que Carol luchaba por Inés pasó lentamente. Cuatro días en los que Carol veía a su profesora pero ninguna decía nada, a excepción de un día en el que Inés iba hablando con otro alumno y justo al lado pasó Carol, aunque fue sólo un efímero saludo. Pero una noche Carol comprendió que no era lo mejor su actuación, sino que esto únicamente la reconcomía. Y rehusó, se olvidó de ese malentendido y volvió con Inés, a visitarla, a hablarle, a contarle sus preocupaciones y a ver su sonrisa diaria.
Le ha pasado que ha llorado, que ha sufrido un mal día e Inés la ha escuchado.
Le ha ocurrido que ha visto al pequeño Diego e Inés la ha valorado.
La ha sucedido que se ha preocupado por su profesora y ella, Inés, se lo ha agradecido.
Le ha pasado que la ha necesitado, y mucho, e Inés le ha prometido buscar tiempo para ella.

En todas relaciones se pasan malos momentos, personas con las que discutes, lo pasas mal y otras que te mantienen y te ayudan. Esta época indecisa ha sido tiempo de ambas, en las que Carol se sintió mal con Inés, pero era ella en la que se basaba para seguir adelante. Era para ella su meta y su medalla, su esfuerzo y su recompensa, su mérito y su premio.
Carol está ahora más segura, nunca va a caer tan bajo como para dejar de esforzarse por Inés, va a ser feliz, por ella, sus amigas y su profesora, porque mereció, merece y merecerá la pena.

24 de septiembre de 2010

18. Roto, un corazón lo está.

Carol no había dormido, estaba más allá del límite de sus nervios, no escuchó la mayor parte de lo que le dijeron ese día, porque sólo pensaba en una cosa. Iría los minutos antes del recreo a ver a Inés, darle el regalo que tenía guardado para ella desde hacía un mes y sentirse feliz, pero ella no sabía que el final no sería como se lo esperaba.
La acompañó su amiga Clara, y esperaron fuera hasta que empezaron a salir los alumnos de la clase, entonces entraron y Carol vio a Inés al fondo como siempre y se acercó con un maravilloso Inés que no la sobresaltó mucho.
-Hola Claudia, hola.- dijo también saludando a Clara.
-Toma Inés- le dijo Carol tendiéndole una cartita, y ella la miró con una sonrisa.- Cómo el año pasado- repitieron las dos acordándose. También le tendió el paquetito que era el verdadero regalo pero Inés rehusó unas cuantas veces.- Venga Inés, acéptalo, ya te lo he comprado y no me puedes decir que no.
-En serio Carol, no tienes que regalarme nada, ya me diste uno el curso pasado, además que este es mi trabajo.- dijo finalmente abriendo el regalo. Era un colgante, una cruz simbolizando el pueblo de Carol para que, según le dijo a su profesora, se acordase siempre de ella.
Hablaron un poco más, Inés les dio dos besos de agradecimiento, pero a Carol poco a poco se le iban cayendo pedacitos de su corazón. No estaba triste las primeras horas después de lo sucedido, pero le había sentado muy mal la falta de alegría, de gratificación, del amor que siempre tenía Inés y que hoy se lo había arrebatado de una bofetada. Carol iba decayendo sin muletas para sujetarse.

Ahora Carol se ha propuesto dejarse un tiempo para ella, para Inés, y para que no sea solamente ella quien luche por mantener a flote esta complicada relación, es difícil y le va a ser muy duro, pero es por su bien, y Carol ha prometido no ser ella la que inicie la primera conversación con su profesora, sino al contrario. Duele...

19 de septiembre de 2010

17.Bonitos días.

Los primeros días siempre son tranquilos. Presentaciones y pre-evaluaciones, las amigas en grupo, los amores aún escondidos, y para Carol, encantadores con su clase. Una amiga al lado, otra al otro, delante, detrás, y un poco más adelante más amigas aún. ¿Tú que crees que la suerte existe?¿O es la casualidad? Carol no sabe ni quiere diferenciar, pues la tutora que le ha tocado es... adivina, Ana, hermana de Inés, y eso lo único que hace es incrementar las alegrías de esta chica. Además, y todavía más a su favor, durante toda una semana Carol ha visto y hablado con Inés. Así es ella, feliz.

Y aún así, las sorpresas para Carol no han hecho más que empezar. Carol tenía una amiga, una compañera que no lo era, era un año más pequeña, pero más alta que ella, se habían llevado bien antes, pero ahora hay algo más fuerte que las une. Ambas echan de menos a Inés. Carol siente alivio, ya no es sólo ella, pero tiene miedo de que pueda pasar ahora.
Juntas, Carol y Sofía, hablan siempre sobre el punto flojo que tienen, idean planes para poder estar un rato con Inés, y así pasa la semana.
Pero hoy, domingo, Carol está algo confusa, es ya un poco más madura, y mañana intentará hacérselo entender a Sofía para ponerlo en práctica juntas.
"No deben decirle cuanto la echan de menos con sermones inapropiados, deben preocuparse por ella y con ella, quererla con hechos, decírselo en el idioma que ellas inventarían para su cariño."
Mañana empieza el plan A. Posdata, no puede salir mal, no hay plan B.

10 de septiembre de 2010

16. La víspera anticipada

Era la víspera del día 13, bueno una víspera anticipada para Carol, el último viernes antes de que empezase el instituto. No tenía ganas de empezar, solamente de ver a Inés diariamente. Y hoy había tenido un poco de suerte.
Carol llegó muy temprano, antes de la hora en que había quedado con sus amigos, por si veía a su profesora, y se cumplió su deseo. Inés junto a dos profesoras más, cruzó el paso de peatones que separaba el colegio de un bar, y enseguida se reconocieron y se pusieron hablar, dejando las otras dos compañeras a profesora y alumna solas.
-Hola Inés, ¿qué tal?
-Bien, ¿qué haces por aquí?
-Esperando a una amiga, vosotras trabajando ya... ¿Sabéis algo ya de las tutorías o algo?- preguntó Carol para seguir hablando con ella.
- ¡Qué va! Nos lo dirán ahora, o el lunes, como bachillerato empieza después... Bueno, me voy. Adiós.
-Adiós Inés.
Carol volvió a entrar con una amiga en el colegio, y volvió a verla. Inés estaba hablando con una mujer, una madre de algún alumno suyo, o una amiga, pero Carol tenía la frase preparada y no pensaba dejar escapar la oportunidad.
-¡Qué guapa estás Inés, es muy bonito el vestido!
-Muchas gracias Carol- respondió Inés riéndose complacida.
Carol ese día estaba de suerte, volvió a ver a su querida profesora, y le preguntó sobre sus hijos, que ambos estaban perfectamente. Se volvieron a ver en dos instantes fugaces, donde ambas se miraban, se reían y se decían adiós con una alegría desbordante.
Esta vez Carol se fue sin lágrimas ni regalices, sino más feliz que una perdiz.

6 de septiembre de 2010

15.Con regalices en mano y lágrimas en los ojos

El otro día Carol se volvió a pasar por el colegio, de nuevo con la intención de ver a Inés. La buscó y preguntó, pero la mayoría no sabían donde estaba o si se había ido ya. Carol hizo tiempo hablando con otras profesoras que pasaban por allí y que le habían enseñado, también fue a comprar su libro de francés, pero todavía no había llegado, hasta que cansada de estar de pie, se sentó en uno de los sillones de la sala hasta que Inés saliera, porque ¿tenía que salir no? Y sí salió.
Apareció detrás de Carol con una pregunta exclamativa:
-¡¿ Qué haces aquí Carol?- preguntó dándole un susto a ella, que no la había visto llegar, y el susto le produjo una gran emoción.
-Estaba esperándote, haber si tienes aunque sean 5 minutos para hablar.- respondió poniéndose de pie.
- Lo siento Carol es que ahora tengo una reunión...
- Inés dentro de un minuto en la sala- la interrumpió la subdirectora que pasaba por allí.
-Otro día hablamos Carol.
-De acuerdo, adiós.
Carol se fue, con regalices en mano y lágrimas en los ojos. Era feliz, lo era porque la había visto, porque había salido a la entrada sólo para saludarla a ella, solamente por ella. Y eso le hacía feliz.
Carol sigue pasándose algunos días, siempre para ver a Inés. Unos días las ve, y muchos días no. Hoy la ha vuelto a ver, de milagro, y le ha dicho a Inés que tenía un regalo para ella, y que no le dijese que no, que se lo pensaba dar. No hablaron mucho, Inés tenía otra reunión, pero Carol otra vez era feliz. Su más especial profesora había bajado las escaleras sólo porque la había visto a ella.
Carol se fue hacia su casa, con regalices en mano y lágrimas en los ojos. Pero feliz.

2 de septiembre de 2010

14. Reencuentro,y una decepción.

Primer día de septiembre. Carol había quedado ese día para pasarse por el colegio con Clara, y de forma "casual" encontrarse con Inés, para que como Clara le había dicho darle el pequeño detalle que Carol le tenía. Pero surgían imprevistos.
Ese día la madre de Carol la obligó a subir con ella a comprar los libros para el curso, no había nada malo en eso, ya que irían al colegio, pero no podría darle nada a Inés delante de su madre. Subiendo la suave cuesta que separaba la casa de Carol del colegio, en la esquina de éste, hay un pequeño bar que se gana el dinero de los cafés de padres y profesores, y allí a Carol se le llenó el corazón de alegría. A punto estuvo de estallarle el corazón de tal inmensa alegría.
Carol se acercó por atrás. No para dar una sorpresa, sino porque no sabía como actuar. Puso su mano en el respaldo de la silla de Inés y dijo:
-¡Hola, hola!- desbordando alegría.
Las profesoras allí presentes me miraron, aunque sólo respondieron con un hola. En cambio, Inés se giró, se levantó y me dio dos besos.
-¡Hola Carol! ¿Qué tal estás? ¿Y las vacaciones?
-Muy bien, muy bien, de allí a aquí y tal... ¿Y tú?
-Bien también, ya empezando.
-¿Qué tal los pequeños?- dijo Carol preocupándose siempre por todo.
-En casita, Diego se quería venir porque decía que porque venía yo y él no, ya ves. ¿Y qué te trae por aquí?
-He venido a comprar los libros, y había quedado con Clara, que fuiste su profesora en segundo, y veníamos a verte a ti.
-¿A mí?-dijo asombrada.- Pues yo me voy ya, porque hoy hemos estado relejados, pero aquí estamos ya todo septiembre y siguientes, puedes venir mañana a verme, sobre las doce o la una, si quieres.
-Bueno vale. Nos vemos Inés. Un beso.
Cuando Carol dejó a Inés fue a buscar y le contó lo ocurrido, pero Carol estaba feliz de haberla visto. Paso a paso.
Al día siguiente, Carol bajó al colegio a las doce minuto antes minuto después, preguntó por Inés, la buscó pero se marchó a casa con las manos vacías, se le acababa la paciencia, y por lo tanto, la alegría. Volvió a casa con lágrimas en los ojos, y pensando que ya no la buscaría más. No, hasta la semana que viene.

30 de agosto de 2010

13. A punto y con su ayuda.

Carol conocía bastante bien a Clara, con la que se pasaba horas hablando de lo que fuese. Ya estuviesen cada una en una punta, se llamaban y hablaban horas, o sino, para eso estaba el Internet. El tema que más abordaban era el que cada una sentía, el cariño hacia otra persona.
Clara daba muchos consejos a Carol sobre su relación con Inés, cuando estaba deprimida llegaba Clara con una sonrisa, unas palabras bonitas y hacer que Carol se olvidase, o se desahogase. Carol lloraba y Clara la consolaba. Luego, daban la vuelta a la tortilla y era Carol la que ayudaba a Clara, eran, y nunca mejor dicho, como el Sol y la Luna.
Carol estaba emocionada, radiante y llena de ilusión porque quedaba nada para el día uno, en el que ella planeaba ver a Inés. Carol la animó, le dijo que se expresase con totalidad, que hablase, que no se quedase con ganas de decirle lo mucho que la quería, aunque los demás pensasen mal, no era de su incumbencias y ella se merecía lo mejor.
Clara le explicó que debía regalarle algo, porque es con hechos con lo que se demuestra el cariño, y así fue. Carol le compró un detallito, le costó lo suyo pero merecía la pena. Ahora Carol volvía a necesitar a Clara. Carol quería describirle por primera vez a Inés el cariño que le tenía. Decírselo, contárselo, sin remordimientos ni miedos. Y necesitaba los consejos de Clara.
Y para más inri, Clara le haría el favor de acompañarla ese día, para que Carol tuviese cerca una mano amiga.

23 de agosto de 2010

12. Recuerdos.

Carol se ha pasado parte del verano aburrida, y la otra parte acordándose de Inés. De ella, de sus vacaciones, de sus niños, de su hermana, de la vuelta a Septiembre y de cómo sería ésta, si se acordaría o no de ella al igual que antes.
Todos los días, en la playa, en su ciudad natal o en una mínima parte de su pueblo, Carol encontraba cada detalle que asociaba a su cariñosa profesora. En el hotel conoció a una muchacha que se llamaba Inés, ya sólo el detalle le revolvió y se emocionó, pasándose toda una semana acordándose de Inés cada vez que veía a la muchacha, lo cual no le ayudó mucho.
Se acordó de ella la vez que todo el mundo salió a la calle a disfrutar de la victoria de España en el mundial. Carol vio esa noche a Ana, la hermana de Inés, y se preguntó cómo lo estaría celebrando ella. Carol se marchó pronto a casa esa noche.
Carol recordó a Inés el día en que bajó a la biblioteca, y le recomendaron dos libros. Uno de ellos parecía estar bien al leer la sinopsis, el otro le recordó a su cariñosa profesora. El libro trataba sobre las matemáticas, y Carol no dudó en que ese sería el libro especial del verano. Se lo llevó a casa y tardó día y medio en leerlo. Al terminarlo pensó en Inés.
Ya llevaba mucho tiempo Carol sin pensar demasiado en Inés cuando soñó con ella. No ocurría nada especial,solamente Carol salía del colegio y veía a Inés fuera, pero la imagen era tan real, tan cercana... Era la Inés exacta de como ella se acordaba. Se levantó asustada, y con lágrimas en los ojos. Tardó bastante en dormirse de nuevo.
A día de hoy, Carol sueña con ella todas las noches y siempre hay algún momento del día en que piensa en ella. Está deseosa de que llegue el día uno de septiembre.

(Sí para quienes pensaban, al igual que yo, que Carol no iba a volver, aquí está, se ha colado entre las entradas para hablaros un poquito, y me ha dejado una notita de que pronto volverá a hacernos una visita. Espero que os guste.)

12 de agosto de 2010

11. Verano

Bajaba todos los días. Ya podían ser las once o las dos, que iba y si coincidíamos, una moneda a la fuente por la buena suerte; y si no, volvía al día siguiente.
Solíamos vernos al final en el porche, Carol sentada y yo con las prisas de llegar, pero siempre encontrábamos unos minutos para las novedades. Pero peor fue el día de las notas, hubo problemas con todas las máquinas, y retrasos en todas las áreas, por lo que eran las doce y todavía no nos habíamos vuelto a casa, habiendo empezado a las diez.
Sin embargo, Carol estuvo esperándome un rato a las afueras de mi tutoría, con un amigo y charlando con otra compañera hasta que yo terminase, porque fue verme salir y se acercó a mí para la despedida que ella no deseaba pero ahí estaba.
-Hola Inés.
-Ay Carol dame dos besos, y enhorabuena por esas notazas, aunque ya lo sabíamos ¿no?
-Sí... - se le notaba la tristeza en la voz, la mirada y el corazón.- Bueno Inés, yo venía a despedirme ya... Te echaré de menos.
-Yo también Carol.
-¿A quién le voy a contar mis problemas, o quién leerá mis textos y la marearé tanto?- dijo con un poquito de alegría.
-Pues a mí, yo voy a seguir estando aquí,cuando quieras algo me buscas, y nos veremos por el pasillo...
-Feliz verano- fue lo único y último que pudo decir.
Se fue, bajando las escaleras solitarias hacia un verano de viajes, de salidas, pero sin su profesora, sin su Inés. Pero lo más importante, sin decirle lo importante que era Inés para ella, el cariño que sentía. Se quedó con el sentimiento en el corazón, ideando planes para un futuro septiembre, sin ella, sin su cariño. Ya Inés no estaría en las Matemáticas de Carol. Habrá de esperar tres meses para saber si por lo menos lo está en su tierno corazón.

9 de agosto de 2010

10.Atisbo de esperanza e ilusión

Esa mañana, a pesar de que fuese más corta con menos horas, se hizo muy muy larga y aburrida. Además pocos eran los que estaban alegres, ni siquiera sonrientes. El final del curso significaba despedidas, y puede que a muchos de tus amigos no los volvieses a ver, el verano eran tres meses de los que muchas amistades pendían de un solo hilo. A muchos alumnos vi llorar, otros los consolaban y se tragaban ellos sus lágrimas. Pero este día a su vez, hacía que los adolescentes saliesen a disfrutar de su primer día de libertad, dormían o corrían, salían de fiesta, a comer a celebrar...
Solamente había visto a Carol de refilón esta mañana, unas pocas palabras, pero la sonrisa cotidiana. Se les dijo a los alumnos que tal día deberían venir a por las notas aunque muchos de ellos ya las sabían. Yo llegué al colegio más tarde de lo previsto a recoger mis cosas, y justo en la puerta vi a Carol con dos de sus amigos esperando sentados en el porche. Noté que sus amigos hablaban entre sí, mientras Carol daba vueltas esperando, esperándome, pero tuvo que esperar un rato mientras yo hablaba con una compañera.
Cuando terminé, me acerqué a ella y le dije:
-¡Carol! ¿Qué haces todavía aquí? ¿No te quieres ir?- pregunté en broma.
-Sí Inés, es que estamos esperando a unos amigos que nos vamos a ir a comer fuera, a pasar el día y bueno, yo he ido a ver a Diego, pero estaba con los amigos y no me ha hecho caso, y ahora te estaba esperando, me tenía que despedir de ti. Nos queda un buen verano por delante.
-Venga no seas así, que yo aún estoy aquí todo junio, además que cuando vengas a por las notas nos veremos, yo aquí voy a estar. Incluso si algún día te aburres mucho, o tienes algo que decirme, puedes venir a verme y hablamos un rato.
-¿En serio?-Carol recibió en ese momento un atisbo de esperanza e ilusión, se le hacía demasiado duro separarse de repente de quien había sido su bastón durante más de seis meses, sobre todo por lo mucho que me quería, aunque nunca me lo ha demostrado.- Algún día te vendré a ver, te haré compañía, te daré textos para entretenerte, y cuando venga a recoger a mi hermano, tú irás a por Diego así que nos veremos,¿verdad?- dijo más que sonriente.-Y cuando recoja las notas, si no te encuentro, te buscaré.
-Por supuesto, estaré encantada, y pásatelo bien este día, nada de deprimimientos.
Conocía lo suficiente a Carol para saber sobre sus sentimientos.

8 de agosto de 2010

9. Un último presente.

Estábamos a jueves, el día antes de despedirnos del edificio, de las mesas, del curso, de los compañeros y amigos... Ese día había pensado dejarles libertad a los alumnos, así que cuando llegué a clase de Carol les sonreí y les dije que podían hacer lo que quisiesen, sin armar demasiado jaleo.
Al principio cada uno se juntó con sus amigos, pero vi a Carol que se quedaba quietita en su sitio, hasta que se decidió a sentarse al lado de unas compañeras y hablar sobre algún que otro cotilleo. Charlaban, y de vez en cuando nos mirábamos con una sonrisa, Carol tenía entre sus manos un plan que estaba a punto de descubrir.
Ya al final de la clase, cuando todos salieron disparados hacia el patio, Carol me pidió un segundo de mi vida, y me hizo una gran ilusión lo que pasó a continuación.
-Hola Inés, mira te traigo una cosita para ti...- Carol me tendió una cartita de las suyas, pero no había terminado. Sin más palabras, sacó de su bolsillo una pequeña bolsa de seda, y me la dió.- Es mi regalo para que te acuerdes de mí, porque te lo mereces por lo mucho que has cuidado de mí.
-Carol no tenías que regalarme nada-dije mientras lo abría. Era un precioso collar de flores, de amichi para especificar. Me encantó, Carol tenía buen gusto, y según me explicó, sabía que me gustaban los collares, siempre llevaba alguno.- Carol no tenías porqué, enserio...
-Lo hago porque quiero, porque me has cuidado mucho durante este curso, y te lo mereces.
-Pero es mi obligación...
-No, no lo es.- respondió serena Carol.- Tú obligación es enseñarnos, no cuidarnos, ni ayudarnos con los problemas, eso es sólo algo que hacen las mejores personas, como tú.
Me limité a sonreír, no discutí más, únicamente le pedí que fuese feliz, afrontase los problemas como ella sabía, con delicadeza,sutileza y sonriendo.
-Voy a echar de menos estas charlas al final de la clase, no sólo en verano, el año que viene ya no me darás clase y....
-No te preocupes, siempre estaré aquí, y por los pasillos.-dije dándole dos besos de despedida. Pero sólo hasta pronto.

5 de agosto de 2010

8. Ausencias transitoras

A los pocos días de las fiestas de mi pueblo, las cosas se habían suavizado bastante. Todo estaba más relajado y Carol estaba mejor de ánimos, a veces sobrecargada de malos pensamientos hacia varias de sus amigas, pero según lo que me contaba, y yo me fiaba de ella, las culpas eran de sus amigas, aunque puede que estuviese a veces obsesionada. Estos días mi Diego estaba malo, así que lo deje en casa con su padre, pero pasamos varias veces por urgencias. Carol se preocupó bastante, preguntándome diariamente, insistiendo en ayudarme, y viendo mi cara de ansiedad. Hasta que llegó el día que no fui al instituto...
Se puede decir que Carol tuvo una intuición de esas femeninas, porque ese día llegó con el presentimiento de que o Diego estaría peor o no me vería. Y así fue, ese día no les di clases y sé que no se preocuparon mucho, a excepción de Carol pues salieron antes de la hora prevista. El día siguiente me sustituyó una compañera, y Carol preocupada le preguntó que si Diego estaba peor, o si sabía algo sobre Inés, a lo que le contestó que eran asuntos personales, puede que incluso con un tono amargo en la respuesta. Al tercer día, mi alumna estaba de los nervios sin tener noticias, por lo que decidió arriesgarse y preguntarle a otra profesora con la que,bueno, se llevaba bien. Así fue como se enteró de que tenía a mi hijo ingresado en el hospital, pero no sabía el motivo, y ya estaba tirándose de los pelos de los nervios. Pero al día siguiente ya me tenía allí, Carol me dijo que creía haberme visto asomada a la puerta de su clase por la mañana temprano, pero eran las ganas que tenía de verme que no sabía si era real o su imaginación, aunque no fue un espejismo cuando bajando las escaleras las vi preparándose para la última dosis de la vacuna de los 15. Fue notar movimientos detrás de ella, y Carol se giró lo que provocó una sonrisa, la más grande de todas. Me preguntó enseguida por Diego, que se había enterado y que estaba preocupada, que cuando vendría, que le regalaría algo, que no me preocupase, que descansase... Luego llegaron las demás amigas y compañeras de Carol, pero ninguna tanta, ni una décima, de su preocupación. Por supuesto, ese día no me dejaron dar clase, por su bienestar, no por el mío. En cambio Carol no dejó de deleitarme con su más preciosa sonrisa.
A partir de ese momento, Carol bajaba todos los días que podía a ve a Diego, a pasar un rato con él, a jugar, a enseñarle, a reírse juntos... Hablaron sobre la hora, sobre plátanos, sobre su mascotas, y Carol siempre llegaba con un nuevo regalo. Parece que a Inés no era la única a quien Carol había cogido cariño.
La pena es que el curso ya llegaba a su fin, y en un principio, el futuro que nos deparaba no era muy bueno para este cariño.

2 de agosto de 2010

7.Un chico encantador

Fue de esos jueves en que empezó a cambiar el tiempo, que si jersey de cuello alto, o camisetas arremangadas. Esta vez me tocó pasar la última hora en una clase de 2º de secundaria, unos mocosos pero simpáticos, no nos conocíamos y bueno, no era plan de tenerles con ejercicios hasta el cuello para un rato que quedaba. Carol me seguía acompañando en esa hora, y esta vez nos dedicamos a hablar ya que ninguna hacía nada importante. Leí uno de sus textos, espectacular, fue por el cual me enteré que era ella la que escribía y no que los buscaba en Internet, aún me quedé mucho más asombrada. Luego se sentó en mi silla y empezamos a realizar una especie de radar de los compañeros de Carol, sobretodo de sus amigos, su grupo, o sobre la nueva colocación. También se desahogo un poco.
Este mismo día hubo un gran malentendido en su clase, un alumno arrogante y grosero, salió de sus vías y se empotró contra el jefe de la estación. Me dirigió una docena de insultos, yo le hubiese seguido, pero me abstuve, y le eché. Salimos y me lo llevé a la directora. Fuera se le acabó el combustible, dijo que no era necesario, se me puso a llorar, pero las palabras duelen, incluso a una profesora que había visto de todo. Pero también duele que los demás alumnos se callen, como si no hubiesen visto ni oído nada. Duele incluso por parte de Carol, aunque sólo hasta un punto. Después del enfrentamiento bajé al patio, donde se relajaban los alumnos, y estuve contándole lo sucedido a la tutora de Carol y su clase, cuando Carol llegó.
-Hola-se dirigió a las dos.-Inés, ¿cómo estás con lo de Miguel?
-Pues la historia no sé como habrá acabado... La directora pondrá el punto y final, luego irá a daros una charla sobre ese comportamiento, también iré yo, y la tutora- dijo señalándola.-Aunque vosotros deberíais haber dicho algo también...
-Puede que sí,pero créeme, nos quedamos en tal estado de shock como tú, en blanco, jamás pensamos que sería capaz de decir tales barbaridades. Lo siento...
Ya después del sermón, en la última hora que estuve con ella, hablando de todo lo que dije al principio, me volvió a pedir perdón,y unas cuantas veces, hasta que la convencí que no pasaba nada, que ya todo había pasado. Al final sonó el timbre, hora de ir a casa. Le cogí la mochila a Carol, y ella preocupada me dijo que si me ayudaba con el maletín, negué, no podía coger peso y la estaba ayudando. No alardeo, creo que era lo más justo que debía hacer por ella. Fuimos a recoger a Diego,su hijo, luego la acompañé hasta donde dejar la mochila. Nos despedimos con un gran gracias.

1 de agosto de 2010

6. Un día 6.

Me parece que ocurrió un jueves, un día 6, tampoco me acuerdo si fue abril o mayo, pero Carol estaba derrotada, y su humor por los suelos.
La clase fue pesimista y aburrida, inclusive para mí. Una vez en que yo necesitaba una razón de los hechos, le pregunté a Carol que si le pasaba algo. Por culpa de la pregunta, provoqué la mirada de todos sus compañeros hacia ella, pero Carol dejó sus intereses dentro de si, y contestó que no pasaba nada, que estaba bien, aunque se notaba a kilómetros que no era cierto. Aún así vino a verme al final de la hora, sin ánimos, sin textos, sin nada que decir, llegó allí con un hola distraído.
-¿Qué te pasa Carol, algún problema?-insistí preguntando.
-Pues la verdad, es que... hoy no es de mis mejores días, estoy triste, sin ganas...
-Sabes que si te puedo ayudar, haré lo que esté en mis manos, puedes contarme lo que quieras.
Me miró preguntándose si debería contármelo o no, y se decidió por responderme agachando la cabeza y negando arrepentida. Luego, se fue sola bajando hacia el patio.
Carol se sentó en el suelo, en la esquina de la puerta de la entrada, al principio intentó tragarse las amargas lágrimas, pero luego salieron disparadas y no pudo más. Lo único que consiguió fue pedir la ayuda de Teresa, una de sus mejores amigas, que cuando llegó no pudo más que encogérsele en corazón, y abrazar a Carol tan fuerte como era capaz. Estuvieron de pie abrazadas, Carol llorando y Teresa recogiendo las lágrimas durante un espacio de 10 minutos, y a mí me derrotaba pensar que yo no había podido hacer nada por Carol, mientras que otras personas con un abrazo lo decían todo. Luego, Teresa cogió a Carol de la mano y se la llevó a donde ella estaba, se sentaron y junto con Clara y otras amigas empezaron a ir cambiando de tema, hasta que Clara tomó las riendas y le preguntó:
- Es por Inma, ¿verdad Carol?
Por primera vez en la conversación Carol levantó la cabeza y asintió.
- Hace hoy medio año que se ha ido, y yo la sigo echando de menos. Y lo que más me duele es que le tengo el mismo cariño a Inés que a Inma, y pensar que al querer así lo único que hago es sacar a Inma de mi corazón y sustituirla por Inés, pero eso no es así, pero ya tampoco podría olvidarme y despedirme de Inés. El cariño que le tengo a las dos es insoportable,pero acogedor a la vez.
Sonó la campana, Teresa acompañó a Carol a su clase haciéndole prometer que no derramaría más lágrimas, y lo hizo pero el corazón seguía doliendo,aunque esa duda que tenía jamás me la confesaría.
Inma fue mi sustituta durante mi baja, no llegué a conocerla en profundidad, pero me dijeron que todos sus alumnos la querían mucho.

31 de julio de 2010

5.Regreso indefinido.

Carol pasó siete días de calendario en un estado de relajación enfermiza. A ella nunca le había gustado estar enferma, estar en casa sin hacer nada, sola por las mañanas y esperando alguna que otra visita inesperada.
Volvió al colegio con ciertas dudas, un examen por delante ese día a primera hora, y la negación de su madre de volver tan pronto. Se le exigían varias cosas entre las que dicen todas las madres preocupadas por sus hijos. Ten cuidado, no corras, no saltes, no hagas ninguna tontería etc... Pero Carol debía pasarte unos dos meses sin hacer gimnasia, utilizar el ascensor que tardaba horas eternas en subir y bajar, no coger peso, por lo que agradecerle a su maravilloso amigo el esfuerzo de todos los días de bajar los kilos de mochila en libros... Pero la emoción, abunda en todos lados menos en las prohibiciones.
Cuando llegué a mi clase, encontré a alumnos bastantes emocionados sin motivo alguno, o muchachos aún con la libertad en el cuerpo del recreo. Tenía a varios de ellos alrededor mío atosigandome como mosquitos en busca de su presa, cuando la vi a ella también a mi lado, con el justificante innecesario de su ausencia. Realmente,ese día olvidé mis obligaciones y mi reputación como profesora,pues dejé camino a los sentimientos, y lo primero que hicé fue darle un abrazo y decirle que me diese dos besos, con la alegría desbordando por ambas partes. Me contó con pelos y señales que y como había sucedido, que se encontraba bien, y empezamos la rutina otra vez. Pero una rutina diferente.
El jueves Carol tenía un problema, empezaban las clases de educación física, y ella se negaba en cuerpo y mente a pasar una hora sentada en las frías gradas del polideportivo, así que después de preguntarme si podría quedarse conmigo durante esa clase, sin molestar ni nada, y unas cuantas preguntas más para que su idea pudiese ser acepetada, funcionó. Pasó jueves conmigo durante dos meses, siempre le dedicaba alguna bromilla, o una sonrisa, o le dedicaba unas palabras cuando Carol miraba la pizarra de bachillerato como un enigma imposible de descifrar. A partir de estos días supe mucho más sobre Carol, y ella sobre mí, sobre Inés.

29 de julio de 2010

4.Un contratiempo imprevisto.

Llegué al viernes con todas mis fuerzas, aunque a penúltima hora eran pocas y menos en esa clase. Mi primer asombro fue que había un nuevo cambio en la clase, cada alumno había cogido su mesa y su silla y la había colocado junto a otro compañero. Supuse que habría sido idea de la tutora, pero en realidad lo que pensaba era que estos adolescentes no eran tontos, se aburrían y se habían instalado en su nueva casa. Así que no le di mucha importancia, sí que pregunté, pero les hice el favor de no descolocarlos...
Pasó la clase sin preámbulos ni inconvenientes, pero esta vez Carol se notaba ausente, a parte de su corazón, claro está. Ella se había sentado al lado de Carmen, y juntas siempre se tomaban las clases al disfrute, sin jaleo. Pero hoy Carmen, le daba conversación, y Carol respondía con monosílabos. Ya me empecé a fijar en Carol, cuando se puso pálida y más cansada, apoyando su cabeza en la mano sujetándola como si pesase más que una bola de bolos. Comencé a preocuparme, por lo que le pregunté si estaba bien, y le obligué por su bien a salir, despejarse y tomar un poco el aire al pasillo. Se quedó fuera todo lo que quedaba de la hora, apoyada en la ventana próxima a la clase, respirando el aire fresco de la calle.
Al terminar la clase, salí rápidamente, aunque algunos de sus amigos se me habían adelantado.
-Venga Carol, a ti lo que te pasa es que de tanto pensar te echa humos la cabeza, no es bueno estudiar tanto.-le decía Carmen para ver si una broma le servía de medicina. Carol respondía con una sonrisa falsa pero agradecida.
-Toma, te he escrito un pequeño problema matemático que sé que a ti te gustan Carol, haber si pensando en otra cosa te pones mejor, además no sé como, Carmen lo ha respondido a la primera, pura chiripa, así que tú en un segundo lo lograrás.-con estas palabras le tendió un papel Óscar, un amigo suyo, y le dio un dulce beso en la mejilla.
-¿Cómo estás Carol?-llegué a preguntarle yo.
-Pues no muy bien, la cabeza me pesa, la noto ardiendo, como si de ella escapase humo.
-Relájate, te pondrás bien.- Y de esa manera tan seca me despedí.
-Adiós Inés.-respondió Carol con un atisbo de tristeza.
Yo no sabía que la semana siguiente y parte de la otra Carol no pisaría el colegio, ni la calle, y que ni vería su sonrisa, durante ese tiempo desaparecida
El martes siguiente comprobé con certeza que Carol no estaba allí, ni su sonrisa ni su corazón, pero enseguida me avisaron Carmen y Sonia del porqué. Carol, el mismo día de su dolor de cabeza, bueno la madrugada del día siguiente, fue operada de apendicitis. Ya habían ido ellas a verla, por lo que me dijeron que estaba bien, y que pronto le darían el alta, el deseado alta por todos los enfermos encerrados entre las paredes de los angustiosos hospitales. Aunque les hice saber a las dos amigas que le dijesen a Carol que se recuperase de mi parte. Por lo que luego me informé,había sido una de las tres profesoras del colegio que se habían preocupado de Carol.
Los siguientes días se la echaba de menos, a su colaboración, a su alegría, a sus textos y compañía.