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12 de abril de 2011

¿Qué me recomiendas: que me dé por vencido o que me plante en tu puerta?

14 de febrero de 2011

Atentamente,

Gracias, muchas gracias. Una forma de emocionarse únicamente, gracias.

"Como profesora del Colegio Sagrado Corazón de Jesús, me es grato recomendarles a la alumna Claudia Pérez Mestre, al considerarla una candidata idónea para la selección.

Durante toda su trayectoria educativa, presenta un excelente expediente académico. Sus calificaciones son muy altas en todas las materias y su nota de inglés ha sido siempre de sobresaliente. Tiene un alto nivel en expresión oral y escrita y mucho interés por seguir aprendiendo.

Claudia es una chica responsable, con capacidad de escucha, con capacidad para administrar el tiempo, sabe mantener una conversación, con capacidad de esfuerzo personal, con capacidad para trabajar en equipo, motivada, luchadora, alegre, sencilla, cariñosa y se preocupa por ayudar a los demás.

Quiero agradecerles su atención y solicitarles, que si es posible, le concedan a Claudia participar en esta experiencia tan enriquecedora del campamento."

Llevo mucho tiempo sin tocar el blog, y esto para nada lo he escrito yo, pero estoy con la cabeza apunto de explotar y no me da para mucho ahora mismo... Estaré por aquí, invisible, leyéndoos, pero sin dejar mi huella, no tengo tiempo... Espero volver cuanto antes.
Hoy, os dejo la descripción mía que ha hecho una personita. Espero que os guste.
Besos bloggeros!

12 de enero de 2011

Sólo necesito una palabra para que mi idiota cabeza deje de dar vueltas y actuar bipolarmente. ¿Dónde estás palabrita bonita?
Y todo por una persona, un pequeño consejo de una pequeña persona, nunca, jamás, os encariñéis.
4letras:$

7 de enero de 2011

Sssssola.


Una vez, me dijeron que
las verdaderas amigas no existen.
Habrá algunas que te quieran más, otras con las que te lleves mejor, y
las que no dejarán de criticarte a las espaldas.
Hay infinidad de clases de amigas/os.

Yo quise creer que no era cierto, que en mi caso no era verdad,
que tenía a un grupo que era el mejor y eran reales.
Hasta que la vida da una vuelta de 360,
y ves que no,
que nada es perfecto,
que siempre estarás sola.

22 de diciembre de 2010

23. Día de confesiones y adiós.

Carol le dijo varias veces a su profesora que necesitaba hablar con ella, y quedaron en contarse el lunes en la hora del recreo, pero claro, Inés se olvidó, como siempre... y tuvo que ir Carol a buscarla, y al verla, con el tono de sorpresa propio suyo le dijo: Carol, se me olvidó que habíamos quedado, cuéntame.
La joven empezó un poco ausente, molesta, ida... pero no podía, se iba desahogando de todos sus problemas. Notas bajas. Falsas amigas. Insultos de todos. Peloteo hacia su profesora. De todo un poco. E Inés la escuchaba, no te voy a decir que no, y le daba sus consejos, pequeños consejos que Carol acataría como si fuese una orden. Y no duró mucho, o eso le pareció a ella. Inés se marchó, sin recibir de buenas maneras las gracias de su alumna, y Carol se marchó a su clase, a la que llegó un poco tarde, pero valió la pena.
Pasaron algunos días, y la rutina continuaba, algunos incidentes pasaron, pero no nada que no pudiese arreglarse, y llegó. El día 22. Libres, vacaciones.
Carol subió, bajó y buscó por las escaleras a Inés, y como no, la encontró en su clase, la última como siempre.
-Inés, hola, me vengo a despedir que nos vamos ya.
-Hola Carol, pues nada, feliz Navidad y Año Nuevo, a pasárselo muy bien y a disfrutar.
-Igualmente en todo, a descansar que nos lo merecemos.
-Ven, dame dos besos.- le dijo a Carol cuando terminó de recoger sus cosas.
-Que te regalen muchas cosas los Reyes Magos.- le respondió Carol después de tal gesto de cariño. No sabe que es mejor, si que Inés no le haga caso, o le de un poco de cariño que al fin y al cabo, no significa nada, pero que le hace sentirse entera por un momento, para luego después, recaer, y sentirse una idiota.
Se volvieron a ver varias veces más a lo largo del día, hasta el adiós definitivo. Sí, hasta el año que viene no la volverá a ver.

19 de diciembre de 2010

22.Galletas de coco.

Carol seguía yendo, ya como si de un ritual se tratase, a ver a Inés miércoles y jueves los cinco minutos antes del recreo.
Durante toda la semana, Carol y sus amigas habían estado planeando el cumpleaños de Clara, un sinfín de sorpresas, amoríos y más sorpresas en las que todo el mundo estaría implicado. Ese día, tan feliz para todas, jubiloso, jocoso, alegre, cantarín, fistero, divertido... Todas sonrieron cada segundo del día. Cayó en jueves, y a pesar de haberse opuesto a sus deseos, Carol acabó por ir a ver a Inés otra vez, sólo que iba acompañada por la cumpleañera, persona que se preocupa por la felicidad de los demás incluso en el día de su cumpleaños, y llevaba una bolsa con dulces, galletas y un par de velas para un pequeño picnic en la hora del recreo.
Lo primero fue el saludo y la explicación de tanto viaje y tanta fiesta.
-Inés, es el cumpleaños de Clara hoy.
-¿Sí?Muchas felicidades -dijo Inés dándole dos besos a la cumpleañera.
-Sí, ahora vamos a celebrarlo en el patio, llevamos un pequeño picnic en la bolsa- respondió levántandola.- Yo le he traído una sorpresa, unas galletitas, ¿quieres una?
-Vale, gracias, así como algo que hoy no me he traído nada.
Carol, ayudada por Clara sujetándole la bolsa, empezó a rebuscar entre las barritas de chocolate, y las galletas envueltas, sacó un tape con unas veinte galletas. Lo abrió y le ofreció una a Inés, primer ofrecimiento por parte de la alumna que la profesora acepta sin rechistar. Inés la probó, la saboreó, y de buen grado, educada y concienduda de ello, dijo que estaba muy ricas.
-Las he hecho yo. -respondió Carol.
-¿En serio?Creía que eran compradas, pues están muy buenas. Eres buena cocinera, a mí también me gusta mucho el tema de la cocina, pero ahora no tengo tiempo. Haber si me puedes traer la receta que las intente hacer.
-Vale, me alegro que te gusten, yo te la traigo. Nos vamos a la fiesta. Adiós.
-Pasároslo bien.-respondió Inés aún con la galleta en mano, un regalo que se queda en el cuerpo, presente en el corazón.

18 de noviembre de 2010

21.Una felicidad inmensa.

Las cosas no son siempre como una quiere, no siempre se hace lo que se quiere, pero sí siempre se consigue lo que se lucha.
Carol sabía que hoy era lunes, que tenía un examen de francés y que el recreo lo cuidaban Inés y demás profesores, por lo que estaba en proceso de idear un plan para ir a hablar con ella, pero su amiga Sofía, tenía la mente hecha un laberinto con tantos sentimientos y además incapaces de resolver por su falta de eficacia y su vergüenza. Pero Carol luchaba, y no iba a impedir que nadie se interpusiera en su camino, por lo que ya los últimos minutos de descanso, subiendo las escaleras, se fijó en que su profesora iba por detrás de ella, y en un reposo, se detuvo a esperarla, y con una sonrisa comenzó la conversación, esta vez tan afable, abierta, sincera...
-Hola Inés, ¿qué tal el finde?
-Muy bien, descansando... -respondió como un acto reflejo. Ya Carol iba a desistir en esforzarse cuando Inés le dijo.- Le enseñaste muy bien al muchacho ese en la recuperación, ¿cómo se llamaba?
-Jaime, ¿ha aprobado?
-Sí- respondió Inés asintiendo con la cabeza.
-¡Qué bien! Por cierto, ¿no has traído a los niños al mercado medieval?
-Uis ¡ha sido este fin de semana! Ni me he acordado si quiera, mira que dije que les iba a traer... Bueno Carol, me quedo en este pasillo para ir abriendo las clases. Adiós.
Fue subiendo Carol las escaleras ya feliz de la vida, gritando que le esperase Sofía, cuando escucha una voz por detrás llamándola.
-Carol, fíjate, me vengo al final por aquí, se me ha adelantado Angélica.
Carol la sonrió como nunca, la más feliz de los jóvenes en ese momento, dispuesta a reconocer por una vez que Inés seguía ahí, que seguiría luchando con ella, aunque Sofía a veces la impulsaba a desistir. Tenía que seguir luchando por la sonrisa más bonita.

9 de noviembre de 2010

20. Migrañas

Volvió el instinto femenino de Carol como mucho tiempo atrás, y tampoco le falló esta vez. Carol sentía que no la vería, y así fue, solo que tardó su tiempo para averiguar el porqué. Ese lunes que faltó Inés lo notó por su ausencia en el patio y fue a ver a Angélica la que la quedó estupefacta al decirle a Carol sin preguntar que Inés no había venido, que estaría mala pero sólo eran supersticiones. Se quedó hablando con ella un rato más, que acabó en convertirse en todo el recreo, pero ella echaba de menos a su profesora y le recorría por su cabeza cómo habría sabido Angélica que le iba a preguntar sobre Inés.
No pasaron más de cuatro días hasta que regresó Inés, pero se la echó de menos, sobre todo quienes la querían. Carol recopiló la información de su ausencia gracias a Angélica que la comprendió y sorprendió en todo momento, volviéndole a responder a preguntas que Carol nunca llegó a realizar, y desde ese momento Carol supo que esa profesora tenía un don especial para conocer y sentir a las personas.
Inés volvió el jueves de esa misma semana, aunque su alumna no la vio pues no sabía que volvería tan pronto. Sin embargo, nada más enterarse al día siguiente, la buscó y le preguntó, cariñosamente y con preocupación por ella y sus migrañas, y ya de paso demostrarle que aún la cuidaría y se enteraría si la pasase algo.
-Cuidate Inés, que sino se te echa de menos.- le dijo Carol en su habitual lenguaje de utilizar una persona general cuando es sólo ella quien lo siente.
-Muchas gracias por preocuparte Carol.- le contestó con una sonrisa de las suyas.
Ese fin de semana Carol lo pasó feliz de saber que aún puede que la quisiese.

6 de noviembre de 2010

Sólo verla me hace sonreír y ser feliz.
4 letras ;)

19 de octubre de 2010

19.Su meta y su medalla.

Carol es una chica animada, normalmente valiente, no muy segura de ella pero con alegría siempre. Lo que duró la semana ardua en la que Carol luchaba por Inés pasó lentamente. Cuatro días en los que Carol veía a su profesora pero ninguna decía nada, a excepción de un día en el que Inés iba hablando con otro alumno y justo al lado pasó Carol, aunque fue sólo un efímero saludo. Pero una noche Carol comprendió que no era lo mejor su actuación, sino que esto únicamente la reconcomía. Y rehusó, se olvidó de ese malentendido y volvió con Inés, a visitarla, a hablarle, a contarle sus preocupaciones y a ver su sonrisa diaria.
Le ha pasado que ha llorado, que ha sufrido un mal día e Inés la ha escuchado.
Le ha ocurrido que ha visto al pequeño Diego e Inés la ha valorado.
La ha sucedido que se ha preocupado por su profesora y ella, Inés, se lo ha agradecido.
Le ha pasado que la ha necesitado, y mucho, e Inés le ha prometido buscar tiempo para ella.

En todas relaciones se pasan malos momentos, personas con las que discutes, lo pasas mal y otras que te mantienen y te ayudan. Esta época indecisa ha sido tiempo de ambas, en las que Carol se sintió mal con Inés, pero era ella en la que se basaba para seguir adelante. Era para ella su meta y su medalla, su esfuerzo y su recompensa, su mérito y su premio.
Carol está ahora más segura, nunca va a caer tan bajo como para dejar de esforzarse por Inés, va a ser feliz, por ella, sus amigas y su profesora, porque mereció, merece y merecerá la pena.

29 de septiembre de 2010

Ideas de Espronceda dudosas.

¿Qué duele más?
Hoy he leído a Espronceda, y decía: dichosos aquellos que pueden llorar.
Pienso que tiene toda la razón, ¿y vosotros? ¿Es mejor llorar, o no? ¿Poder desahogarte, o tener el dolor dentro? ¿Cómo lo veis?

(Siento esta pequeña y mala entrada, no tengo nada que escribiros, ni tiempo para ellos ni para leeros, lo siento mucho. Esta semana ha sido desastrosa, y no tengo buenos humos ni buenos sentimientos ni buenas alegrías, así que espero que me perdonéis, que sigáis tan bien como siempre, que comentéis y que escribáis como hasta ahora. Este fin de semana me voy de turismo a Sevilla, ya os contaré. Espero poder leeros a algunos. Gracias)

24 de septiembre de 2010

18. Roto, un corazón lo está.

Carol no había dormido, estaba más allá del límite de sus nervios, no escuchó la mayor parte de lo que le dijeron ese día, porque sólo pensaba en una cosa. Iría los minutos antes del recreo a ver a Inés, darle el regalo que tenía guardado para ella desde hacía un mes y sentirse feliz, pero ella no sabía que el final no sería como se lo esperaba.
La acompañó su amiga Clara, y esperaron fuera hasta que empezaron a salir los alumnos de la clase, entonces entraron y Carol vio a Inés al fondo como siempre y se acercó con un maravilloso Inés que no la sobresaltó mucho.
-Hola Claudia, hola.- dijo también saludando a Clara.
-Toma Inés- le dijo Carol tendiéndole una cartita, y ella la miró con una sonrisa.- Cómo el año pasado- repitieron las dos acordándose. También le tendió el paquetito que era el verdadero regalo pero Inés rehusó unas cuantas veces.- Venga Inés, acéptalo, ya te lo he comprado y no me puedes decir que no.
-En serio Carol, no tienes que regalarme nada, ya me diste uno el curso pasado, además que este es mi trabajo.- dijo finalmente abriendo el regalo. Era un colgante, una cruz simbolizando el pueblo de Carol para que, según le dijo a su profesora, se acordase siempre de ella.
Hablaron un poco más, Inés les dio dos besos de agradecimiento, pero a Carol poco a poco se le iban cayendo pedacitos de su corazón. No estaba triste las primeras horas después de lo sucedido, pero le había sentado muy mal la falta de alegría, de gratificación, del amor que siempre tenía Inés y que hoy se lo había arrebatado de una bofetada. Carol iba decayendo sin muletas para sujetarse.

Ahora Carol se ha propuesto dejarse un tiempo para ella, para Inés, y para que no sea solamente ella quien luche por mantener a flote esta complicada relación, es difícil y le va a ser muy duro, pero es por su bien, y Carol ha prometido no ser ella la que inicie la primera conversación con su profesora, sino al contrario. Duele...

19 de septiembre de 2010

17.Bonitos días.

Los primeros días siempre son tranquilos. Presentaciones y pre-evaluaciones, las amigas en grupo, los amores aún escondidos, y para Carol, encantadores con su clase. Una amiga al lado, otra al otro, delante, detrás, y un poco más adelante más amigas aún. ¿Tú que crees que la suerte existe?¿O es la casualidad? Carol no sabe ni quiere diferenciar, pues la tutora que le ha tocado es... adivina, Ana, hermana de Inés, y eso lo único que hace es incrementar las alegrías de esta chica. Además, y todavía más a su favor, durante toda una semana Carol ha visto y hablado con Inés. Así es ella, feliz.

Y aún así, las sorpresas para Carol no han hecho más que empezar. Carol tenía una amiga, una compañera que no lo era, era un año más pequeña, pero más alta que ella, se habían llevado bien antes, pero ahora hay algo más fuerte que las une. Ambas echan de menos a Inés. Carol siente alivio, ya no es sólo ella, pero tiene miedo de que pueda pasar ahora.
Juntas, Carol y Sofía, hablan siempre sobre el punto flojo que tienen, idean planes para poder estar un rato con Inés, y así pasa la semana.
Pero hoy, domingo, Carol está algo confusa, es ya un poco más madura, y mañana intentará hacérselo entender a Sofía para ponerlo en práctica juntas.
"No deben decirle cuanto la echan de menos con sermones inapropiados, deben preocuparse por ella y con ella, quererla con hechos, decírselo en el idioma que ellas inventarían para su cariño."
Mañana empieza el plan A. Posdata, no puede salir mal, no hay plan B.

15 de septiembre de 2010

Mi premio a la mejor sonrisa es a...

Y para vosotros, ¿quién tiene la sonrisa más bonita? Hoy sugiero que los que comentéis, escribáis quien para vosotros, de aquellas personas que conozcáis, tiene la sonrisa más bonita que hayáis visto, la que más os haya llegado al corazón. Podéis poner nombres, explicar quien es... A vuestro gusto. Dediquemos esta entrada a las sonrisas más profundas.
Empiezo yo. Mi premio a la sonrisa más bonita es a... Inés.

10 de septiembre de 2010

16. La víspera anticipada

Era la víspera del día 13, bueno una víspera anticipada para Carol, el último viernes antes de que empezase el instituto. No tenía ganas de empezar, solamente de ver a Inés diariamente. Y hoy había tenido un poco de suerte.
Carol llegó muy temprano, antes de la hora en que había quedado con sus amigos, por si veía a su profesora, y se cumplió su deseo. Inés junto a dos profesoras más, cruzó el paso de peatones que separaba el colegio de un bar, y enseguida se reconocieron y se pusieron hablar, dejando las otras dos compañeras a profesora y alumna solas.
-Hola Inés, ¿qué tal?
-Bien, ¿qué haces por aquí?
-Esperando a una amiga, vosotras trabajando ya... ¿Sabéis algo ya de las tutorías o algo?- preguntó Carol para seguir hablando con ella.
- ¡Qué va! Nos lo dirán ahora, o el lunes, como bachillerato empieza después... Bueno, me voy. Adiós.
-Adiós Inés.
Carol volvió a entrar con una amiga en el colegio, y volvió a verla. Inés estaba hablando con una mujer, una madre de algún alumno suyo, o una amiga, pero Carol tenía la frase preparada y no pensaba dejar escapar la oportunidad.
-¡Qué guapa estás Inés, es muy bonito el vestido!
-Muchas gracias Carol- respondió Inés riéndose complacida.
Carol ese día estaba de suerte, volvió a ver a su querida profesora, y le preguntó sobre sus hijos, que ambos estaban perfectamente. Se volvieron a ver en dos instantes fugaces, donde ambas se miraban, se reían y se decían adiós con una alegría desbordante.
Esta vez Carol se fue sin lágrimas ni regalices, sino más feliz que una perdiz.

6 de septiembre de 2010

15.Con regalices en mano y lágrimas en los ojos

El otro día Carol se volvió a pasar por el colegio, de nuevo con la intención de ver a Inés. La buscó y preguntó, pero la mayoría no sabían donde estaba o si se había ido ya. Carol hizo tiempo hablando con otras profesoras que pasaban por allí y que le habían enseñado, también fue a comprar su libro de francés, pero todavía no había llegado, hasta que cansada de estar de pie, se sentó en uno de los sillones de la sala hasta que Inés saliera, porque ¿tenía que salir no? Y sí salió.
Apareció detrás de Carol con una pregunta exclamativa:
-¡¿ Qué haces aquí Carol?- preguntó dándole un susto a ella, que no la había visto llegar, y el susto le produjo una gran emoción.
-Estaba esperándote, haber si tienes aunque sean 5 minutos para hablar.- respondió poniéndose de pie.
- Lo siento Carol es que ahora tengo una reunión...
- Inés dentro de un minuto en la sala- la interrumpió la subdirectora que pasaba por allí.
-Otro día hablamos Carol.
-De acuerdo, adiós.
Carol se fue, con regalices en mano y lágrimas en los ojos. Era feliz, lo era porque la había visto, porque había salido a la entrada sólo para saludarla a ella, solamente por ella. Y eso le hacía feliz.
Carol sigue pasándose algunos días, siempre para ver a Inés. Unos días las ve, y muchos días no. Hoy la ha vuelto a ver, de milagro, y le ha dicho a Inés que tenía un regalo para ella, y que no le dijese que no, que se lo pensaba dar. No hablaron mucho, Inés tenía otra reunión, pero Carol otra vez era feliz. Su más especial profesora había bajado las escaleras sólo porque la había visto a ella.
Carol se fue hacia su casa, con regalices en mano y lágrimas en los ojos. Pero feliz.

2 de septiembre de 2010

14. Reencuentro,y una decepción.

Primer día de septiembre. Carol había quedado ese día para pasarse por el colegio con Clara, y de forma "casual" encontrarse con Inés, para que como Clara le había dicho darle el pequeño detalle que Carol le tenía. Pero surgían imprevistos.
Ese día la madre de Carol la obligó a subir con ella a comprar los libros para el curso, no había nada malo en eso, ya que irían al colegio, pero no podría darle nada a Inés delante de su madre. Subiendo la suave cuesta que separaba la casa de Carol del colegio, en la esquina de éste, hay un pequeño bar que se gana el dinero de los cafés de padres y profesores, y allí a Carol se le llenó el corazón de alegría. A punto estuvo de estallarle el corazón de tal inmensa alegría.
Carol se acercó por atrás. No para dar una sorpresa, sino porque no sabía como actuar. Puso su mano en el respaldo de la silla de Inés y dijo:
-¡Hola, hola!- desbordando alegría.
Las profesoras allí presentes me miraron, aunque sólo respondieron con un hola. En cambio, Inés se giró, se levantó y me dio dos besos.
-¡Hola Carol! ¿Qué tal estás? ¿Y las vacaciones?
-Muy bien, muy bien, de allí a aquí y tal... ¿Y tú?
-Bien también, ya empezando.
-¿Qué tal los pequeños?- dijo Carol preocupándose siempre por todo.
-En casita, Diego se quería venir porque decía que porque venía yo y él no, ya ves. ¿Y qué te trae por aquí?
-He venido a comprar los libros, y había quedado con Clara, que fuiste su profesora en segundo, y veníamos a verte a ti.
-¿A mí?-dijo asombrada.- Pues yo me voy ya, porque hoy hemos estado relejados, pero aquí estamos ya todo septiembre y siguientes, puedes venir mañana a verme, sobre las doce o la una, si quieres.
-Bueno vale. Nos vemos Inés. Un beso.
Cuando Carol dejó a Inés fue a buscar y le contó lo ocurrido, pero Carol estaba feliz de haberla visto. Paso a paso.
Al día siguiente, Carol bajó al colegio a las doce minuto antes minuto después, preguntó por Inés, la buscó pero se marchó a casa con las manos vacías, se le acababa la paciencia, y por lo tanto, la alegría. Volvió a casa con lágrimas en los ojos, y pensando que ya no la buscaría más. No, hasta la semana que viene.

30 de agosto de 2010

13. A punto y con su ayuda.

Carol conocía bastante bien a Clara, con la que se pasaba horas hablando de lo que fuese. Ya estuviesen cada una en una punta, se llamaban y hablaban horas, o sino, para eso estaba el Internet. El tema que más abordaban era el que cada una sentía, el cariño hacia otra persona.
Clara daba muchos consejos a Carol sobre su relación con Inés, cuando estaba deprimida llegaba Clara con una sonrisa, unas palabras bonitas y hacer que Carol se olvidase, o se desahogase. Carol lloraba y Clara la consolaba. Luego, daban la vuelta a la tortilla y era Carol la que ayudaba a Clara, eran, y nunca mejor dicho, como el Sol y la Luna.
Carol estaba emocionada, radiante y llena de ilusión porque quedaba nada para el día uno, en el que ella planeaba ver a Inés. Carol la animó, le dijo que se expresase con totalidad, que hablase, que no se quedase con ganas de decirle lo mucho que la quería, aunque los demás pensasen mal, no era de su incumbencias y ella se merecía lo mejor.
Clara le explicó que debía regalarle algo, porque es con hechos con lo que se demuestra el cariño, y así fue. Carol le compró un detallito, le costó lo suyo pero merecía la pena. Ahora Carol volvía a necesitar a Clara. Carol quería describirle por primera vez a Inés el cariño que le tenía. Decírselo, contárselo, sin remordimientos ni miedos. Y necesitaba los consejos de Clara.
Y para más inri, Clara le haría el favor de acompañarla ese día, para que Carol tuviese cerca una mano amiga.

23 de agosto de 2010

12. Recuerdos.

Carol se ha pasado parte del verano aburrida, y la otra parte acordándose de Inés. De ella, de sus vacaciones, de sus niños, de su hermana, de la vuelta a Septiembre y de cómo sería ésta, si se acordaría o no de ella al igual que antes.
Todos los días, en la playa, en su ciudad natal o en una mínima parte de su pueblo, Carol encontraba cada detalle que asociaba a su cariñosa profesora. En el hotel conoció a una muchacha que se llamaba Inés, ya sólo el detalle le revolvió y se emocionó, pasándose toda una semana acordándose de Inés cada vez que veía a la muchacha, lo cual no le ayudó mucho.
Se acordó de ella la vez que todo el mundo salió a la calle a disfrutar de la victoria de España en el mundial. Carol vio esa noche a Ana, la hermana de Inés, y se preguntó cómo lo estaría celebrando ella. Carol se marchó pronto a casa esa noche.
Carol recordó a Inés el día en que bajó a la biblioteca, y le recomendaron dos libros. Uno de ellos parecía estar bien al leer la sinopsis, el otro le recordó a su cariñosa profesora. El libro trataba sobre las matemáticas, y Carol no dudó en que ese sería el libro especial del verano. Se lo llevó a casa y tardó día y medio en leerlo. Al terminarlo pensó en Inés.
Ya llevaba mucho tiempo Carol sin pensar demasiado en Inés cuando soñó con ella. No ocurría nada especial,solamente Carol salía del colegio y veía a Inés fuera, pero la imagen era tan real, tan cercana... Era la Inés exacta de como ella se acordaba. Se levantó asustada, y con lágrimas en los ojos. Tardó bastante en dormirse de nuevo.
A día de hoy, Carol sueña con ella todas las noches y siempre hay algún momento del día en que piensa en ella. Está deseosa de que llegue el día uno de septiembre.

(Sí para quienes pensaban, al igual que yo, que Carol no iba a volver, aquí está, se ha colado entre las entradas para hablaros un poquito, y me ha dejado una notita de que pronto volverá a hacernos una visita. Espero que os guste.)

18 de agosto de 2010

La soledad de los números primos

Los números primos sólo son exactamente divisibles por 1 y por sí mismos. Ocupan un sitio en la infinita serie de los números naturales, y están, como todos los demás, emparedados entre otros dos números, aunque ellos más separados entre sí. Son números solitarios, sospechosos, y por eso encantaban a Mattia, que unas veces pensaba que en esa serie figuraban por error, como perlas ensartadas en un collar, y otras veces que también ellos querrían ser como los demás, números normales y corrientes, y que por alguna razón no podían.[...]
En primer curso de la universidad había estudiado ciertos números primos más especiales que el resto, y a los que los matemáticos llamaban primos gemelos: son parejas de primos sucesivos, o mejor, casi sucesivos, ya que entre ellos siempre hay un número par que les impide ir realmente unidos, como el 11 y el 13, el 17 y el 19, el 41 y el 43. Si se tiene paciencia y se sigue contando, se descubre que dichas parejas aparecen cada vez con menos frecuencia. Lo que encontramos son números primos aislados, como perdidos en ese espacio silencioso y rítmico hecho de cifras, y uno tiene la angustiosa sensación de que las parejas halladas anteriormente no son sino hechos fortuitos, y que el verdadero destino de los números primos es quedarse solos. Pero cuando, ya cansados de contar, nos disponemos a dejarlo, topamos de pronto con otros dos gemelos estrechamente unidos. Es convencimiento genreal entre los matemáticos que, por muy atrás que quede la última pareja, siempre acabará apareciendo otra, aunque hasta el momento nadie pueda predecir dónde.
Mattia pensaba que él y Alice eran eso, dos primos gemelos solos y perdidos, próximos nunca juntos.
La soledad de los números primos, Paolo Giordano.
Yo, amante de las matemáticas, y con el deseo de llegar a ser algo en este ámbito, digo que me ha encantado este libro, os lo recomiendo, y por si acaso odiais las matemáticas, os explico que este libro nada tiene que ver con ellas, sino con un amor que no se consigue, un amor extraño y cariñoso.